miércoles, 13 de junio de 2012

El estrato de la mesa

La hora de almuerzo en mi oficina, es todo una pasarela de comida, todos tratan de aparentar que tan refinado mantienen su paladar innovando cada vez en los platos que traen a diario, envasado en mas de tres recipientes para que uno no se revuelva con el otro, porque según ellos resulta molesto comer después comida untada de la otra.
Es una oficina pequeña, no mas de 12 personas pero para  fortuna de los modelos que traen de comida o para desgracia de los que no somos tan habilidosos con la cocina, luego de las 12:30 es una constante "Pensadera" de como poder servir el tan anhelado plato de almuerzo para que por lo menos pase desapercibido de las criticas de los que se sientan en los cuatro puestos restantes de la mesa.
Y en mi caso, que al parecer nadie en mi casa resulta amante de la culinaria es bastante incomodo querer comer un plato tan exquisito de papas criollas revueltas con arroz "machacadas" como le digo a mi mamá cada vez que me lo puede servir, hasta no saber que es arroz y que es papa, y resulta aún más incomodo escuchar las maravillosas charlas de algunos de ellos, hablando de como hicieron el pollo en grillé la noche anterior, o aquélla ensalada que parece servida por meseros de fiesta de 15 años día tras día.
Pero entonces luego de que me estoy sintiendo muy atacada por las incesantes miradas hacia mi plato, tal vez un poco molesta luego de haber comido algo exquisito para mi, cocinado por mi mama, les pregunto; que si tanta grasa frita no les hace daño?, para entonces durar los 20 minutos posteriores a esto escuchando el porque según ellos comen de una manera sana, con costumbres no tan sanas y burlarme al lado de mi compañera que comparte mi posición como resultan atacados y molestos decididos a defender cada uno su plato de comida de la mejor manera.
Entonces después de que estamos a punto de terminar, otro de los miembros de mi querida empresa se levanta para ir a almorzar lejos de las criticas y miradas de aquella mesa redonda protegida por una sombrilla gigante (Posiblemente para que no caigan gotas de lluvia sobre el almuerzo), procura mirar a la cara de cada integrante de la mesa y solo se molesta en decir "Voy a almorzar".
Entonces la rutina después de que cada cual resulta satisfecho es posar como obeso luego de una faena de comida el almuerzo querido.
No critico la comida de cada uno, solamente que como en el colegio la hora de almorzar debería dejar de ser un espacio abierto para la critica los chismes de cocina y las miradas perdidas a platos distintos.

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